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miércoles, 20 de agosto de 2008

Portero confianzudo

A causa de un lamentable incidente, hace poco más de una semana hay un nuevo portero en el edificio en el que tengo mi distinguido hogar.

Y es realmente increible que en menos de una semana ya tenga material para opinar sobre este señor.

Ojo que soy un tipo tranqui, todo bien si quiere aromatizar el edificio con sus nauseabundos sahumerios de Patchouli, pero hay límites que no se deberían cruzar, o sí se deberían cruzar pero en el ambiente de confiaza y sana camaradería que solo da el paso del tiempo y las vivencias compartidas.

Ahora; esta persona que hace no más de una semana que conozco y por ende no merece nada de mi confianza, me ha puesto en dos situaciones que han puesto a prueba mi temperamento:

Situación UNO "Free Rider de Cochera"- Siendo las 18:00 horas aproximadamente del martes 10, vuelvo de mi trabajo y me dispongo a estacionar mi vehículo en mi cochera. Por la ley física de impenetrabilidad se me hizo imposible tal empresa: había otro vehículo en mi cochera. Insulté a Dios, me bajé de mi móvil y busqué al portero (porque era sin dudas un auto de portero) al que intimé plazo perentorio de menos 30 minutos moviera su cacharro.

Todo bien, el tipo es nuevo, no sabía que tengo un carácter de mierda, se la dejamos pasar. Pero que pasó en lo sucesivo: el viernes salgo a mi trabajo un poco más tarde que de costumbre como el común de los cristianos.

Segundos antes entra a la cochera el portero, y pone su auto (de portero) de culata adelante del mío, con la intención manifiesta de ocupar mi lugar ni bien me retirara. Hasta me pareció que le molestó que me tomara unos segundos para calentar el motor... Acá es donde salta la púa y se raya el disco: resulta que ahora comparto mi céntrica cochera cubierta (valor de alquiler $150 por mes) con el portero que obviamente no pone un mango por dejar su coche que de todas maneras ni el más estúpido de los cacos bahienses robaría ni aunque se lo encontrara con las llaves puestas (esta última acotación, digna de mi abuela).

Pero este es solo el episodio número uno. Permítanme ir a comer un plato de ravioles y en un par de días prometo contarles el segundo episodio titulado "Portero Hacker". Prometo que esta vez, el flamante guardavalla (son sinónimos, no?) relmente le dará un nuevo significado a la palabra "confianzudo".

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domingo, 17 de agosto de 2008

Abuela Mala

Tengo una abuela que es, lisa y llanamente: mala.

Lo es por lo menos conmigo, que probablemente soy el nieto que menos mérito hizo para tener ese tratamiento.

Hasta hace unos 10 años aproximadamente éramos 2 los desafortunados. Mi hermano Federico, un año menor que yo, y por supuesto, quien suscribe. Mi hermano hace una década se decidió por la vida religiosa, por lo que automáticamente cayó en gracia de esta señora progenitora de mi padre, fanática de los efluvios de los sirios que se encienden todos los domingos en la parroquia de Caacupé (no se si lo menciona así porque tiene dos "A" o por su crianza en la mediterránea provincia de Córdoba).

A partir de ese momento, mi hermano ascendió varias posiciones en el ránking de nietos. Tantas que por un momento hasta pensé que iba a bajar de su trono a la monarca, superiora, regente de todos los seres vivos y merecedora de todas las reverencias: Victorita, la doctora promedio 10, estudiosa, informada, indigna de este pueril blog, de quien personalmente sospecho es lesbiana.

Si mi hermano no destronó a Victorita fue solo porque pertenece a una comunidad religiosa muy "liberal" y orientada al trabajo comunitario, por lo tanto alejada del facista y elitista Opus Dei quienes son más afines al estilo de vida de mi abuela (que se jacta con orgullo ser descendiente directa del generalísimo Francisco Franco).

Pero no nos desviemos del tema. Mi abuela es mala conmigo. Nunca traía regalos para mi a la vuelta de sus viajes alrededor del mundo en los que dilapidó la fortuna que dejó en propiedades y acciones mi abuelo al morir (no llegué a conocerlo).

En algunos de esos viajes llevó a casi todo el resto de la nietada ("los primos de Buenos Aires") sistemáticamente olvidándose de mi y de mi hermano que en esa época compartía mi paganismo e idolatría por los autitos Matchbox y la tortura estilo Menguele de animales domésticos.

De nada sirvió toda una infancia y adolescencia de indigna obsecuencia, fingida buena educación e infaltable en cada visita de la señora a Bahía Blanca: subir a su habitación esa valija llena de 70 kilos de regalos ajenos.

Probablemente la gota que colmó el vaso y a partir de la cual desistí en todo intento por congraciarme con la señora sucedió hace no mucho. Y empezó cuando antes de tomar mi avión de Trelew hacia Buenos Aires (un horrible vuelo de dos horas lleno de señoras con audífonos gritando en ese jeringoso estpantoso que es el catalán) me llamó mi hermana por teléfono.

La llamada era por la operación a la que iba a ser sometida mi abuela, de cadera, para la cual necesitaban donantes de sangre. Yo pasaba por Buenos Aires, y aunque mi humor y las circunstancias no eran las mejores, decidí pasar a dejar mi medio litro de líquido vital.

Ya pasada media mañana, llegué a las oficinas que de la empresa en calle Corrientes previo paso por la clínica, pálido y con el brazo inmóvil, producto de la bárbara intervención de la enfermera, pero con la conciencia tranquila y una leve sensación de bienestar y elevamiento espiritual.

El tiempo pasó, la operación aparentemente fue exitosa y cierto día mi hermana me da un billete de 50 dólares -un Grant para los amigos- que me enviaba mi abuela en concepto de agradecimiento por la generosa donación de 500cc de mi sangre.

No un llamado. No unas palabras. No un SMS con un gracias.

Solo un billete verde (que no demoré en gastar seguramente en algo que no necesitaba) con su cara de prócer gringo que malponderaba mi acto de desprendido altruísmo diciéndome "tu abuela no te llamóoo! tu abuela no te llamóoooo!"

Tan exitosa fue la operación que la señora (que nunca agradeció mi gesto) en menos de un año estaba volando a Cuba, y a su regreso, nos volvió a visitar en Bahía Blanca por el cumpleaños de 15 de mi hermana, donde tuvimos el siguiente diálogo:

Yo: Hola abuela, cómo andás, cómo te fue en tu viaje ?

Abuela: Bien. Me subís después la valija a la habitación ?

No hubo regalos de Cuba para mí.

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viernes, 18 de julio de 2008

Psicologo de oficina ii

Patricia, fue a lo del doctor Ravenna para perder algún kilito que sumó durante el invierno.

- Siguiendo el método que me dieron más la gimnasia perdés el 8% de tu peso por mes.

Marcos, el ingeniero:

- En un año vas a pesar 19,85 kilos.

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sábado, 12 de julio de 2008

Tuca gaffe

Hay cosas que uno ve en las comedias para yankis obesos de risa fácil que cuando uno extrapola (o intrapola mejor) a uno mismo piensa "que chotada, me llega a pasar eso alguna vez y me voy del país".

Sin embargo pasan.

Por ejemplo: quién iría a pensar que mi sobrino, un gurrumino hiperactivo de poco más de un año que está literalmente dando sus primeros pasos, iba a encontrar dentro de algo a lo que solo puedo referirme como "un cuenco viejo que junta polvo" una tuca olvidada y airoso con su hallazgo se la iba a entregar "en mano" a su abuelita, quien después de examinarla brevemente lanza la pregunta "esto es algo de marihuana"?.

Silencio eterno de 5 segundos. El abuelo y los dos padres de la criatura presentes, expectantes. Minovia, tía del sobrino, e hija de la abuela del sobrino sale jugando con pelota dominada:
"si ... es un faso"

La abuela del nieto: "fumás marihuana???"

La madre del sobrino/nieto que se anticipa a la respuesta: "si, y Pablito a veces también..." (Pablito, hermano de mi novia, el hijo dotor, de currículum y conducta inmaculados)

minovia le quita importancia: "es buena para los dolores, a mi me curó el quiste sacro-coxígeo"

Yo ensayo en postura rufianesca y sin mucha expectativa de éxito: "seguro se la olvidó alguien"

minovia aclara: "no soy drogadicta... eh?"

Desbordada por todos sus frentes, la abuela apela al silencio, el abuelo juega al sordo, el gurrumino se pone a joder con el control remoto del televisor.

Todo se resuelve en 5 líneas sin daños a terceros.

Una vez me pasó algo por el estilo pero realmente peligroso: en el lugar en el que trabajaba antes, todos los meses para cobrar los tickets canasta había que hacer una cola interminable.

Cuando a uno le tocaba, acreditaba identidad ante un cagatinta escoltado por un policía federal con cara de ningún amigo.

Hete aquí que mi cédula tenía como vecina de compartimento de billetera una regia tuca, y gracias a la humedad y calor propios de cualquier billetera de cuero pegada a un culo la mayor parte del día, se había ido desarmando y macerando de a poco transfiriéndole un penetrante olor a porro paraguayo viejo y quemado. De esos que le dan dolor de cabeza a uno de solo imaginárselos.

Me di cuenta de eso al sacar la cédula de la billetera, que por sí sola ya apestaba, y mirando a la cédula, al cagatinta, al policía, al cagatinta y nuevamente a la cédula, decidí que no había vuelta atrás y la exhibí a cambio de 30 pesos en tickets rosas.

Gracias a dios esa vez no hubo que darle explicaciones a nadie.
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jueves, 26 de junio de 2008

Psicólogo de oficina

Patricia, hace pocos meses cortó con su novio desde hace 7 años:

- Los sábados me gusta comprar ropa. Compro hasta ropa que no necesito.

Marcos, estrenando título de ingeniero industrial:

- Tenés que llenar un vacío en tu vida.

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sábado, 14 de junio de 2008

El mito de los viajeros laborales felices

La gente a veces me dice :

1- "Ah... vos sí que sos vivo, mientras yo comía un pedazo de tarta recalentado vos estabas almorzando Quesadillas de cabra al hierro de entrada, Conejo en costra de parmesano con ensalada de cherrys, habas y rúcula de plato principal, y Merengue Pavlova a las frutas rojas de postre..." o también...

2- "En dónde estás conectado al messenger? En Santiago... Chile? tomando un capuccino y navegando vía Wifi con la notebook? Vos sí que la tenés clara..." o cuándo no...

3- "Saliste a correr a la madrugada en ... La Serena ??? Qué nivel !!! "

...y generalmente me ahorro las respuestas que serían algo así c
omo:

1- Si almorcé por $150 y a la noche cené dos sanguches de miga mientras viajaba en un colectivo mirando dos películas pésimamente dobladas al castellano que NUNCA alquilaría.

2- Claro, estoy acá tomando algo, porque mi vuelo está demorado ... 6 horas.

3- Si, a la madrugada es el único horario en el que podía salir. Y hacía mucho frío.


La realidad es que el cuento del viajero laboral feliz ES UN MITO, MENTIRA, BURDA FALACIA.

El precio de comer una cazuela de mariscos en Puerto Madryn, salmón en Chile, cordero patagónico en Trelew o mero en uno de los más exclusivos hoteles porteños es:
  • Perder horas en aviones, remises, colectivos, taxis y otras formas de transporte horribles.
  • Frío - calor - humedad - viento - frío de nuevo.
  • Camisas arrugadas.
  • Jornadas laborales de 12 a 14 horas, porque claro, la agenda SIEMPRE supera el tiempo disponible.
  • Ingesta de todo tipo de porquerías fuera de hora: facturas, sanguchitos, helado, café de máquina a granel.
  • No poder hacer lo que uno quisiera sino lo que a uno le programaron.
  • Tener que adivinar en cada hotel el layout de las 234 porquerías que hay para desayunar, y que cuando uno hizo 4 viajes a la mesa llevando minúsculos vasitos cargados de jugo de naranja venga el estúpido del mozo que te estuvo mirando con su cara de pescado desde que entraste y te diga "¿querés que te traiga un vaso grande?"
La vida del viajero laboral no es feliz. Uno no la pasa lindo viajando. Uno pasa a sentirse rápidamente en que todos los lugares son como un barrio feo de la ciudad propia.

No hay glamour en ir a Bariloche a trabajar.

No existe placer al comer centolla con alguien con el que sólo podés hablar de trabajo.

Lo bueno: el bolso ya casi se llena solo, en cinco minutos ya tiene todo lo que necesita incluyendo antiinflamatorios, analgésicos, antihistamínicos y el irremplazable Factor AG (que nunca falte).

(Al volver de un viaje infernal de solo 500k gentileza de Plaza que tiene unos bondis de mierda nunca viajen por plaza porloquemasquieran)...

domingo, 1 de junio de 2008

Remeras

Hace minutos terminé de planchar y doblar en tercios, la última remera del montón.

Ahora tengo una pila con las blancas, otra con negras, rojas y colores fuertes, y otra para las que no se deciden, por lo tanto tanto en el lavarropas como el el placard tienen el beneficio de la atención diferencial. Manga larga, tres cuartos, chombas y camisas. Everything in it's right place.

Una hora y media de un día domingo planchando y acomodando mis remeras que no tengo ganas de contar pero sé que son varias.

Una ex-ex-ex pensaba que no tenía demasiadas remeras, o que las que tenía tal vez no eran las correctas. También pensaba que siempre es mejor una camisa. Tanto mejor si sobre ella se luce un sweater escote en V y se acompaña el conjuntito con un pantalón pinzado y zapatos náuticos chatitos.

A este ritmo para cuando muera voy a haber pasado 130 días planchando mis remeras, camisas y demás.

Mi pequeño acto de rebeldía: agarro una camiseta de codos gastados y le arranco una manga. Después otra. Le juro a la camiseta que no va a ser la primera y le cuento todo lo que voy a hacer con el tiempo que me ahorran dos mangas menos para planchar.


You buy furniture. You tell yourself, this is the last sofa I will ever need in my life. Buy the sofa, then for a couple years you're satisfied that no matter what goes wrong, at least you've got your sofa issue handled. Then the right set of dishes. Then the perfect bed. The drapes. The rug. Then you're trapped in your lovely nest, and the things you used to own, now they own you. ~Chuck Palahniuk, Fight Club, Chapter 5

Consistencia

Me preocupa la consistencia en los contenidos de este blog.

Es un blog divertido ?

Es un blog de protesta ?

Es un blog literario ?

Tengo miedo de que me pase algo terrible si caigo en la indefinición.

Si alguna de las 35 personas que ingresaron al día de hoy se siente defraudada.

Bueno... exagero, entraron 25.

domingo, 27 de abril de 2008

Claro

La ciudad empapelada con carteles con una adorable, protectora, edulcorada y casi obscena pelota roja como motivo principal.

Logo corporativo.

"Este es el nombre y logotipo que nuestros astutos gurúes del márketing han escogido para que nuestra empresita de vender teléfonos celulares pueda relanzarse, licuar impuestos atrasados..." y qué se yo cuantas porquerías más habrán hecho y se habran ahorrado de hacer a cambio de unos cuantos metros cuadrados de papel y algunos minutos de TV.

Para mí, como para esos viejos que a los australes les decían pesos y recién se acostumbraron a llamarlos australes cuando 10000 australes se convirtieron en un peso argentino, Cti sigue siendo Cti. La misma empresa de mierda, albergue de sátrapas y vendedores de tecnología barata adoradores de la gomina y las fragancias de imitación.

Así que basta de tratar de hacerme creer que algo en mi vida cambió, que nuevas revelaciones y bienaventurados acontecimientos van a derramarse sobre mi persona porque a un sorete mal cagado de traje y corbata en una oficina se le ocurrió cambiarle de nombre a Cti.

Basta de darme la "bienvenida al mundo de..."

Basta de ofrecerme nuevas y buenísimas formas de comuniarme con gente con la que de todas maneras no me quiero comunicar.

Los teléfonos ... los teléfonos que se los metan en el orto.

Claro?

jueves, 29 de noviembre de 2007

de por qué manejan tan mal los taxistas

Cualquiera podría suponer que una persona que pasa unas 8 horas por día manejando un vehículo, y hace de esa actividad su oficio, con el tiempo llega a dominar el volante.
Pasa en el fútbol, en la cocina y en el Counter Strike.

Llegado un momento, la interfaz por la que se logra un resultado sobre el sistema, llámese pelota, cacerola o mouse se vuelve parte del operador y el panqueque volando en balletesca armonía para aterrizar nuevamente en la sartén, o el héroe que entra en una habitación y con presición quirúrjica despacha a dos malvados terroristas con sendos tiros en la cabeza antes de que puedan reaccionar, se convierte sencillamente en una extensión de sí mismo, en una probóscide sobre la cual se tiene soberanía y control absoluto.

Esto se cumple en todos los órdenes de la vida. Es inimaginable -salvo daño neurológico o lesión inhabilitante- suponer que una persona puede disminuir paulatinamente su habilidad en la práctica de cualquier actividad, a partir de una práctica consistente de la misma.

Sin embargo, volviendo al volante, a pesar de lo que se podría llegar a suponer, no se da tal constante. Los taxistas manejan mal. Es empírico, nunca se está seguro sobre un taxi ni sobre cualquier vehículo que coexista con uno de ellos en tiempo y calle.

El taxista no mira hacia atrás, todo lo que hay detrás o a los costados de su vehículo es vacío. Los espejos retrovisores (cuando los hay) son artefactos que sirven para ver al pasaje, sobre todo si su escote lo amerita. El taxista no conduce a la defensiva (evitando la posibilidad de un accidente por culpa dierecta o indirecta suya), conduce al ataque. El taxista estaciona sobre las sendas peatonales, encierra en las esquinas y aprovecha cualquier lugar durante un semáforo rojo para adelantar un par de casilleros por más que eso signifique entorpecer el tránsito del resto de los mortales.

Las razones pueden ser varias, una de ellas, que se los elija deliberadamente estúpidos (o mirándolo desde otra perspectiva, que una forma de estupidez manifiesta sea aspirar a un taxi como sustento), lo cual no es descabellado ya que no conozco taxistas con título de biólogo molecular.

Otra razón puede ser el envenenamiento y consiguiente degradación neuronal a partir de la exposición a emisiones pequeñas pero constantes de monóxido de carbono, vapores de combustible y los materiales sintéticos con los que se rellenan los asientos del auto.

También puede ser por qué no el embrutecimiento progresivo debido a horas de charla sobre el clima, el fútbol, el clima, la televisión y el clima.

Me aburrí de escribir.

Mañana, tarta de manzana.

lunes, 19 de noviembre de 2007

poke 53280

  • POKE 53280,0 ... MARCO NEGRO
  • POKE 53281,0 ... PANTALLA NEGRA
  • POKE 646,5 (O ALGO ASÍ) ... TEXTO EN VERDE
Y con esa serie de instrucciones que de alguna manera se resiste a ser borrada de mi memoria (que por otro lado olvida las llaves del departamento una vez que está afuera y sin embargo acumula una compilación de comandos de DOS y canciones de misa entre otras estupideces), los que por los 80 teníamos una Commodore 64 o uno de eso aparatos jugábamaos a la IBM... aunque sea por un rato.

jueves, 8 de noviembre de 2007

y qué?

solo escribo cuando tengo ganas.

jueves, 1 de noviembre de 2007

dulce o truco!

31/10/07 : 19 horas aproximadamente. Ese momento en el que el cuerpo ya volvió del trabajo pero la cabeza todavía esta en camino. Desparramado en un banco de la cocina de mi departamento meriendo dos galletas con dulce y un vaso de gaseosa.
PIIIIII!!!!! (no aplica ring a los timbres modernos): el portero eléctrico suena, en la cocina de mi departamento, a poco más de diez centímetros lineales de mis oidos. Mi cabeza retrocede tres casilleros en su retorno al hogar.
Es el portero interno, lo cual significa que es alguien que tiene llaves para entrar al edificio, lo cual significa que probablemente sea un vecino, lo cual nunca es buena noticia.
PIIIIII!!!!!
Me levanto, el breve checklist mental para estos casos:
1- Estoy clavando algo a la pared: Negativo
2- Estoy pasando la aspiradora y son las 3:00 am: Negativo
3- Estoy escuchando música por sobre el límite de tolerancia auditiva humana: Doble negativo.
4- Ingresé últimamente ebrio al edificio y defequé sobre el tapiz de la señora del 10 "B": Asignatura pendiente.
Llave en la puerta, media vuelta, abro.
"DULCE O TRUCO!!!"
Tres pequeños individuos escapados de una copia berreta de una película de Tim Burton demandan mi generosidad amparados en una antigua tradición de la que seguramente se habrán informado en medios de alto vuelo cultural como Nickelodeon, Disney Channel o eventualmente alguna maestra jardinera.
Mi cara de "por qué no me sorprende..." tampoco los sorprende a ellos. No tengo caramelos, y se van.
PIIIIII!!!!!
De nuevo, timbre interno, unos veinte minutos más tarde.
Mi cabeza no es porque tiene llave.
Abro la puerta, esta vez es un solo individuo, femenino, entre seis y catorce años. Un lunar pintado en la nariz y una especie de varita mágica me dicen que "está disfrazada de algo"; sus dos manos sosteniendo una bolsa abierta frente a mis ojos me revelan sus verdaderas intenciones.
"ES HALLOWEEN" me dice, aunque estoy seguro de que probablemente no sabe escribir la palabra. Sin exceso de maquillaje, discurso directo y efectivista. Actitud demandante. La versión piquetera y sindicalizada de Halloween. No tengo caramelos y andate.
"NO VISTE PASAR A OTRAS CHICAS POR ACA HACE UN RATO?"
Prospección de mercado, analisis de la competencia, benchmarking, best practices. La versión corporativa e hiper eficiente de Halloween. La maximización de la efectividad de cada toque de puerta como objetivo, llenar la bolsa como meta aspiracional.
Mi cuerpo y mi cabeza nunca estuvieron más alejados.
Bahía Blanca, Pampa húmeda, Argentina.

lunes, 13 de agosto de 2007

fiebre de viernes por la noche


Tienen vida, sí. Lo más cercano a los muñecos de robotech que vas a ver en la calle. Dios no quiera que un día se despierten y empiecen a cazar peatones y aplastar autos con sus enormes pies de concreto.
Este hermoso ejemplar apareció en una calle de barrio, una noche en que el hambre le ganó a la urgencia de escapar de la ciudad y me adentré un par de cuadras suburbanas en busca del kioscalmacén que me permitiera postergar algunos minutos más la cena.
Por lo menos dos horas más, una hora para la ruta y varios minutos distribuidos en las mundanas tareas de comprar comida (de verdad), prender el hogar para calentar la casa y destapar un malbec. El vino, el fuego, saber que por dos días chocarse a alguien en la calle no va a ser un problema, lo más parecido a la felicidad.