lunes, 13 de agosto de 2007

fiebre de viernes por la noche


Tienen vida, sí. Lo más cercano a los muñecos de robotech que vas a ver en la calle. Dios no quiera que un día se despierten y empiecen a cazar peatones y aplastar autos con sus enormes pies de concreto.
Este hermoso ejemplar apareció en una calle de barrio, una noche en que el hambre le ganó a la urgencia de escapar de la ciudad y me adentré un par de cuadras suburbanas en busca del kioscalmacén que me permitiera postergar algunos minutos más la cena.
Por lo menos dos horas más, una hora para la ruta y varios minutos distribuidos en las mundanas tareas de comprar comida (de verdad), prender el hogar para calentar la casa y destapar un malbec. El vino, el fuego, saber que por dos días chocarse a alguien en la calle no va a ser un problema, lo más parecido a la felicidad.


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