jueves, 29 de noviembre de 2007

de por qué manejan tan mal los taxistas

Cualquiera podría suponer que una persona que pasa unas 8 horas por día manejando un vehículo, y hace de esa actividad su oficio, con el tiempo llega a dominar el volante.
Pasa en el fútbol, en la cocina y en el Counter Strike.

Llegado un momento, la interfaz por la que se logra un resultado sobre el sistema, llámese pelota, cacerola o mouse se vuelve parte del operador y el panqueque volando en balletesca armonía para aterrizar nuevamente en la sartén, o el héroe que entra en una habitación y con presición quirúrjica despacha a dos malvados terroristas con sendos tiros en la cabeza antes de que puedan reaccionar, se convierte sencillamente en una extensión de sí mismo, en una probóscide sobre la cual se tiene soberanía y control absoluto.

Esto se cumple en todos los órdenes de la vida. Es inimaginable -salvo daño neurológico o lesión inhabilitante- suponer que una persona puede disminuir paulatinamente su habilidad en la práctica de cualquier actividad, a partir de una práctica consistente de la misma.

Sin embargo, volviendo al volante, a pesar de lo que se podría llegar a suponer, no se da tal constante. Los taxistas manejan mal. Es empírico, nunca se está seguro sobre un taxi ni sobre cualquier vehículo que coexista con uno de ellos en tiempo y calle.

El taxista no mira hacia atrás, todo lo que hay detrás o a los costados de su vehículo es vacío. Los espejos retrovisores (cuando los hay) son artefactos que sirven para ver al pasaje, sobre todo si su escote lo amerita. El taxista no conduce a la defensiva (evitando la posibilidad de un accidente por culpa dierecta o indirecta suya), conduce al ataque. El taxista estaciona sobre las sendas peatonales, encierra en las esquinas y aprovecha cualquier lugar durante un semáforo rojo para adelantar un par de casilleros por más que eso signifique entorpecer el tránsito del resto de los mortales.

Las razones pueden ser varias, una de ellas, que se los elija deliberadamente estúpidos (o mirándolo desde otra perspectiva, que una forma de estupidez manifiesta sea aspirar a un taxi como sustento), lo cual no es descabellado ya que no conozco taxistas con título de biólogo molecular.

Otra razón puede ser el envenenamiento y consiguiente degradación neuronal a partir de la exposición a emisiones pequeñas pero constantes de monóxido de carbono, vapores de combustible y los materiales sintéticos con los que se rellenan los asientos del auto.

También puede ser por qué no el embrutecimiento progresivo debido a horas de charla sobre el clima, el fútbol, el clima, la televisión y el clima.

Me aburrí de escribir.

Mañana, tarta de manzana.

lunes, 19 de noviembre de 2007

poke 53280

  • POKE 53280,0 ... MARCO NEGRO
  • POKE 53281,0 ... PANTALLA NEGRA
  • POKE 646,5 (O ALGO ASÍ) ... TEXTO EN VERDE
Y con esa serie de instrucciones que de alguna manera se resiste a ser borrada de mi memoria (que por otro lado olvida las llaves del departamento una vez que está afuera y sin embargo acumula una compilación de comandos de DOS y canciones de misa entre otras estupideces), los que por los 80 teníamos una Commodore 64 o uno de eso aparatos jugábamaos a la IBM... aunque sea por un rato.

jueves, 8 de noviembre de 2007

y qué?

solo escribo cuando tengo ganas.

jueves, 1 de noviembre de 2007

dulce o truco!

31/10/07 : 19 horas aproximadamente. Ese momento en el que el cuerpo ya volvió del trabajo pero la cabeza todavía esta en camino. Desparramado en un banco de la cocina de mi departamento meriendo dos galletas con dulce y un vaso de gaseosa.
PIIIIII!!!!! (no aplica ring a los timbres modernos): el portero eléctrico suena, en la cocina de mi departamento, a poco más de diez centímetros lineales de mis oidos. Mi cabeza retrocede tres casilleros en su retorno al hogar.
Es el portero interno, lo cual significa que es alguien que tiene llaves para entrar al edificio, lo cual significa que probablemente sea un vecino, lo cual nunca es buena noticia.
PIIIIII!!!!!
Me levanto, el breve checklist mental para estos casos:
1- Estoy clavando algo a la pared: Negativo
2- Estoy pasando la aspiradora y son las 3:00 am: Negativo
3- Estoy escuchando música por sobre el límite de tolerancia auditiva humana: Doble negativo.
4- Ingresé últimamente ebrio al edificio y defequé sobre el tapiz de la señora del 10 "B": Asignatura pendiente.
Llave en la puerta, media vuelta, abro.
"DULCE O TRUCO!!!"
Tres pequeños individuos escapados de una copia berreta de una película de Tim Burton demandan mi generosidad amparados en una antigua tradición de la que seguramente se habrán informado en medios de alto vuelo cultural como Nickelodeon, Disney Channel o eventualmente alguna maestra jardinera.
Mi cara de "por qué no me sorprende..." tampoco los sorprende a ellos. No tengo caramelos, y se van.
PIIIIII!!!!!
De nuevo, timbre interno, unos veinte minutos más tarde.
Mi cabeza no es porque tiene llave.
Abro la puerta, esta vez es un solo individuo, femenino, entre seis y catorce años. Un lunar pintado en la nariz y una especie de varita mágica me dicen que "está disfrazada de algo"; sus dos manos sosteniendo una bolsa abierta frente a mis ojos me revelan sus verdaderas intenciones.
"ES HALLOWEEN" me dice, aunque estoy seguro de que probablemente no sabe escribir la palabra. Sin exceso de maquillaje, discurso directo y efectivista. Actitud demandante. La versión piquetera y sindicalizada de Halloween. No tengo caramelos y andate.
"NO VISTE PASAR A OTRAS CHICAS POR ACA HACE UN RATO?"
Prospección de mercado, analisis de la competencia, benchmarking, best practices. La versión corporativa e hiper eficiente de Halloween. La maximización de la efectividad de cada toque de puerta como objetivo, llenar la bolsa como meta aspiracional.
Mi cuerpo y mi cabeza nunca estuvieron más alejados.
Bahía Blanca, Pampa húmeda, Argentina.