viernes, 18 de julio de 2008

Psicologo de oficina ii

Patricia, fue a lo del doctor Ravenna para perder algún kilito que sumó durante el invierno.

- Siguiendo el método que me dieron más la gimnasia perdés el 8% de tu peso por mes.

Marcos, el ingeniero:

- En un año vas a pesar 19,85 kilos.

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sábado, 12 de julio de 2008

Tuca gaffe

Hay cosas que uno ve en las comedias para yankis obesos de risa fácil que cuando uno extrapola (o intrapola mejor) a uno mismo piensa "que chotada, me llega a pasar eso alguna vez y me voy del país".

Sin embargo pasan.

Por ejemplo: quién iría a pensar que mi sobrino, un gurrumino hiperactivo de poco más de un año que está literalmente dando sus primeros pasos, iba a encontrar dentro de algo a lo que solo puedo referirme como "un cuenco viejo que junta polvo" una tuca olvidada y airoso con su hallazgo se la iba a entregar "en mano" a su abuelita, quien después de examinarla brevemente lanza la pregunta "esto es algo de marihuana"?.

Silencio eterno de 5 segundos. El abuelo y los dos padres de la criatura presentes, expectantes. Minovia, tía del sobrino, e hija de la abuela del sobrino sale jugando con pelota dominada:
"si ... es un faso"

La abuela del nieto: "fumás marihuana???"

La madre del sobrino/nieto que se anticipa a la respuesta: "si, y Pablito a veces también..." (Pablito, hermano de mi novia, el hijo dotor, de currículum y conducta inmaculados)

minovia le quita importancia: "es buena para los dolores, a mi me curó el quiste sacro-coxígeo"

Yo ensayo en postura rufianesca y sin mucha expectativa de éxito: "seguro se la olvidó alguien"

minovia aclara: "no soy drogadicta... eh?"

Desbordada por todos sus frentes, la abuela apela al silencio, el abuelo juega al sordo, el gurrumino se pone a joder con el control remoto del televisor.

Todo se resuelve en 5 líneas sin daños a terceros.

Una vez me pasó algo por el estilo pero realmente peligroso: en el lugar en el que trabajaba antes, todos los meses para cobrar los tickets canasta había que hacer una cola interminable.

Cuando a uno le tocaba, acreditaba identidad ante un cagatinta escoltado por un policía federal con cara de ningún amigo.

Hete aquí que mi cédula tenía como vecina de compartimento de billetera una regia tuca, y gracias a la humedad y calor propios de cualquier billetera de cuero pegada a un culo la mayor parte del día, se había ido desarmando y macerando de a poco transfiriéndole un penetrante olor a porro paraguayo viejo y quemado. De esos que le dan dolor de cabeza a uno de solo imaginárselos.

Me di cuenta de eso al sacar la cédula de la billetera, que por sí sola ya apestaba, y mirando a la cédula, al cagatinta, al policía, al cagatinta y nuevamente a la cédula, decidí que no había vuelta atrás y la exhibí a cambio de 30 pesos en tickets rosas.

Gracias a dios esa vez no hubo que darle explicaciones a nadie.
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